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Resurgen enfermedades por el calentamiento global

zancudo

 

Redacción BBC Mundo 

 

Dengue, malaria y fiebre amarilla están resurgiendo por el cambio climático.

 

“Lo que los médicos que trabajamos en salud y ambiente no podemos entender, y yo personalmente no puedo perdonar, es que a nivel político, en una negociación tan importante como la de cambio climático en Copenhague por lo menos no se dedique un día a hablar de los temas de salud”.

 

 

Dra. Lilian Corra, presidenta de la Asociación Argentina de Médicos para el Medio Ambiente 

 

La Dra. Lilián Corra es presidenta de la Asociación Argentina de Médicos para el Medio Ambiente y secretaria de la Asociación Internacional de expertos en ese campo.

 

Brotes epidémicos de malaria en la provincia de Misiones, reaparición de fiebre amarilla en la frontera, son indicios de la migración de mosquitos y del impacto que están teniendo en Argentina factores como los cambios en temperatura y en regímenes de lluvias.

 

Y uno de los mayores problemas, según la experta, es que los países latinoamericanos siguen recogiendo información de acuerdo a parámetros del siglo XIX, en lugar de desarrollar indicadores acordes al desafío del cambio climático.

 

Desde Buenos Aires, la Dra. Lilián Corra respondió a las preguntas de BBC Mundo.

 

¿Cuán serio está siendo el impacto del cambio climático en la salud?

Ha cambiado totalmente en los últimos 10 años el mapa de enfermedades transmitidas por vectores. Estas enfermedades son transmitidas por mosquitos, por ejemplo. Hablo fundamentalmente de malaria, fiebre amarilla, dengue, el mal de Chagas, y otras enfermedades como la leishmaniasis.

 

Los vectores están migrando debido a los cambios en el clima y las lluvias.

 

Estas enfermedades se consideran en este momento reemergentes, porque los países latinoamericanos en su gran mayoría tenían bajo control estas epidemias que habían hecho estragos en los siglos pasados.

 

Ahora vuelve a haber un grave problema con el resurgimiento de estas enfermedades en lugares donde por décadas no existían.

 

Debería tomarse en cuenta el impacto en la salud a la hora de adoptar medidas, fundamentalmente por la celeridad con que han tenido los cambios en salud, por la falta de información y de indicadores bien claros, y la falta de indicaciones a los países de que deben tener indicadores.

 

Los países deben comenzar a evaluar los costos en salud.

 

¿A qué se debe la reaparición de estas enfermedades?

Vuelve a haber un grave problema con el resurgimiento de estas enfermedades en lugares donde por décadas no existían

 

Esto se da sobre todo por la redistribución de los vectores, habiéndose transformado aún en forma muy leve el clima, prolongándose los veranos y cambiándose el clima en términos de los regímenes de lluvias y de inundaciones por virtud de la mano del hombre sobre el ambiente.

 

Deforestación, uso de la tierra, monocultivos, todo esto ha tenido una influencia muy importante en la redistribución de los vectores causantes de estas enfermedades.

 

¿Por qué el caso de Argentina es particularmente significativo?

Hay estudios que marcan muy claramente el punto de inflexión. En el caso de Argentina, hay una publicación de principios de la década del 90, de Anthony McMichael, experto australiano y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas, IPCC, que trabajó durante muchos años en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Londres.

 

McMichael decía que en América Latina había que tener la vista puesta en el caso de Argentina, porque a través de sus muy buenas políticas de salud pública implementadas en las primeras décadas del siglo XX, había logrado limpiar de su territorio la malaria y la fiebre amarilla, pero estaba rodeada de países como Bolivia, Paraguay y Brasil donde todavía esta problemática era importante.

 

¿Qué se ha podido constatar en el caso de Argentina?

Otra persona, el profesor R. Carcavallo, también miembro del IPCC, hizo estudios epidemiológicos en la provincia de Misiones en la década del 90, y muestra claramente como a partir del año 96 empiezan a aparecer casos de malaria esporádicamente y cómo luego la provincia de Misiones se hace endémica con brotes epidémicos.

 

Esto es un alerta que nos está diciendo que ya hay una carga ambiental, que tiene que ver con los cambios en el clima, con la deforestación, con el cambio del régimen de lluvias, todos estos procesos están muy, muy ligados, porque el cambio climático no es solamente el aumento o la baja de la temperatura.

 

¿Qué otras enfermedades se han registrado además de la malaria?

La fiebre amarilla apareció en Argentina hace dos años, primero con alertas, en este momento se está vacunando en la zona de frontera y es una problemática que ya se ve instalada.

 

Actualmente, además, Argentina está sufriendo un brote epidémico muy importante de dengue. El dengue ya había aparecido en Argentina, pero actualmente ya tiene características de epidemia y tanto es así que en una sola provincia en marzo se detectaron casi 3.000 casos de dengue en la provincia del Chaco, pero también hay brotes en Jujuy, Salta, Catamarca. Se habla también de la provincia de Santa Fe y de Buenos Aires.

 

¿Cómo puede controlarse a los vectores?

El mosquito vive como el ser humano, cómodo entre 20 y 30 grados y si no hay inviernos más fríos de 20 o por lo menos con períodos largos más fríos de 20 no se controla la población.

 

Lo importante es que el mosquito no tiene la culpa, el que tiene la culpa es el portador enfermo y lo que se debe instalar son barreras sanitarias, identificación, aislamiento y tratamiento de las enfermedades dentro de un plan sanitario. El mosquito pica una persona enferma y después si pica una persona sana porta el virus.

 

Salir a fumigar a toda la población en general o refumigar en acciones desesperadas de salud pública, no son buenas políticas de salud pública. Ahí vemos como se entremezclan los temas de seguridad química con cambio climático cuando uno no entiende bien los procesos

 

¿Qué recomendación haría?

Lo primero que hay que hacer es incluir el tema de salud en la conferencia más importante, que es la de las partes, la COP 15, que tendrá lugar en diciembre en Copenhague.

 

Debería haber por lo menos un día de discusión sobre los efectos del cambio climático en la salud, acciones de mitigación y ayuda a los países que están viviendo este desastre.

 

Debería haber discusiones con los donantes, los bancos que están trabajando el financiamiento del desarrollo sustentable de estos países. Esto tiene que ver con la educación, con ayudar a los países a recolectar información, a desarrollar indicadores y a aplicar políticas de salud pública efectivas sin usar masivamente los plaguicidas.

 

¿Cuál es el problema con los plaguicidas?

El uso masivo de plaguicidas es una acción que éticamente no se puede recomendar, especialmente cuando por ejemplo en el caso de la malaria hay experiencias muy exitosas como la de México, que controló sus epidemias de malaria sin el uso de plaguicidas.

 

Los plaguicidas son tóxicos. Y hay un ejemplo muy claro, que es el uso del DDT para el control de los vectores en lugares pobres como África, porque no se hace la inversión suficiente para desarrollar planes de salud pública adecuados.

 

Y lamentablemente lo que se ha hecho no ha dado resultado, porque todavía seguimos con el problema muy importante de malaria a pesar de que África es el único continente en el que está permitido usar DDT.

 

¿Cómo logró México controlar la malaria sin plaguicidas?

Hubo toda una experiencia de técnicas de salud pública, que tienen que ver con identificación, aislamiento y control, todo el mundo conoce esta experiencia que ha sido muy exitosa.

 

Hablo de aislamiento de los portadores ya que, como decía, el mosquito transporta la enfermedad pero no es el culpable, el culpable es el enfermo.

 

Son redes impregnadas con plaguicida, eso es de terror. Por más que los plaguicidas que se usen sean de baja toxicidad, la población más vulnerable son los niños, las mujeres jóvenes, embarazadas.

 

Hay una cantidad de plaguicidas que atraviesan la placenta y que aparecen en la leche materna en los momentos más vulnerables del desarrollo. Esto puede afectar fuertemente el desarrollo, la calidad de vida y la salud pública y la producción de un país.

 

En México trabajaron identificando, aislando y tratando a los portadores, a los enfermos, y combatiendo fuertemente los lugares de criadero del mosquito.

 

Mencionó antes la falta de indicadores en los países de América Latina. ¿De qué tipo de indicadores hablamos?

Cuando hablamos de indicadores se trata de indicadores como epidemiología sobre algunas enfermedades o indicadores ambientales, que señalan si se están dando las condiciones para que una enfermedad surja. De esta forma no hay que esperar a que haya una emergencia para tomar medidas.

 

Aún estamos trabajando en salud pública en América Latina con indicadores de salud y enfermedad que todavía están adaptados a las condiciones que había en el siglo XIX o principios del siglo XX

 

Pero después de mediados del siglo XX se produce una inflexión a nivel internacional que cambia los indicadores en salud pública. Toda la carga antropogénica del hombre sobre el medio ambiente cambió absolutamente a mediados del siglo pasado.

 

O sea, el impacto de las acciones del hombre sobre el ambiente, cambia absolutamente entre el 40 y el 60, por la forma de transportarnos, de comer, el uso de la energía, la deforestación, la introducción masiva de químicos, todo esto tiene una carga en el medio ambiente y un impacto en salud.

 

¿Cuáles son esos indicadores de acuerdo al siglo XIX que se siguen recabando?

Por ejemplo, todos los riesgos ambientales clásicos como manejo del residuo urbano, contaminación biológica del agua. Hoy tenemos que medir los parámetros viejos más los nuevos, como el uso masivo de productos químicos en la industria de los plaguicidas y de alimentos.

 

¿Qué sabemos sobre la carga ambiental de las enfermedades, especialmente en los niños?

La OMS publicó un reporte en diciembre del 2006 donde indica que la carga ambiental de todas las enfermedades para todas las edades se mide entre un 24 y un 26%. O sea que de cualquier enfermedad que tengamos, resfrío, gripe, asma, diabetes, cáncer, lo que sea, en el 24% de la población que la padece, la enfermedad está fuertemente relacionada con factores ambientales. Y en los niños el 36% de las muertes están relacionadas a cargas ambientales.

 

Por la falta de indicadores, uno de los problemas que tiene la OMS es que para saber cuál es la carga ambiental de la enfermedad uno tiene que comparar los indicadores. Si no hay indicadores de hace 20 o 30 años, si no tengo con qué compararlo, no se si hay más o hay menos.

 

Habría que preguntarles a los países cuál era su situación hace 20 o 30 años, por eso es tan importante tener indicadores y medir.

 

Quienes lean la entrevista en distintos países de América Latina se preguntarán, a nivel personal, qué pueden hacer ante la amenaza que representa el cambio climático para la salud. ¿Exigir acción de sus gobiernos? ¿Exigir más información sobre estas enfermedades y cómo prevenirlas?

Reducir los lugares de cría del mosquito cercanos a su casa y protegerse con repelentes naturales (sin plaguicidas). Deben consultar al médico ni bien piensen que hay sintomas de enfemedad y ayudar a identificar los posibles casos tempranamente para aportar al control de los brotes y epidemias.

 

¿Qué tipo de actividades hace la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente para concienciar a la población?

Hacemos capacitaciones de profesionales desde hace muchos años, de profesionales de toda índole. Trabajamos en cooperación multisectorial ayudando a las gestiones de gobierno, y participando en las negociaciones representando a las organizaciones no gubernamentales de salud.

 

¿Integrarán la delegación oficial de Argentina a la cumbre de Copenhague?

No estamos seguros, aún no hemos recibido ninguna comunicación, es un poco temprano. Pero hemos hechos contacto con la OMS y le hemos propuesto mantener un evento paralelo sobre estos temas y estamos esperando una respuesta.

 

Lo que los médicos que trabajamos en salud y ambiente no podemos entender, y yo personalmente no puedo perdonar, es que a nivel político, en una negociación tan importante como la de cambio climático en Copenhague por lo menos un día no se dedique a hablar de los temas de salud.

 

Porque ya es muy evidente. No se puede seguir negociando sobre qué vamos a hacer con los bonos de carbono, si no atendemos a las urgentes necesidades de las consecuencias de lo que está sucediendo. Y los países menos desarrollados son aquellos que van a sufrir más el golpe y que necesitan mucho más capacitarse e identificar acciones de intervención lo antes posible.

 

Más…

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